El partido empezó flojo y se fue al descanso con el resultado inicial. Tras la entrada de Van der Vaart al terreno de juego, las ocasiones del Madrid no cesaron ni un instante. Llegaron a golpear a la madera incluso en tres ocasiones y el único gol del partido lo anotó el holandés pasado el minuto 80. No fue suficiente. El ridículo ocurrido hace dos semanas en Alcorcón se volvió a repetir y la afición dejó constancia del malestar general en cuanto terminó el encuentro.
La situación que vive el conjunto de Florentino Pérez no es la que debería vivir un equipo que tiene uno de los presupuestos más altos de la historia del fútbol. Además, unos jugadores que supuestamente luchan por defender un color y que creen que pidiendo perdón se solucionan las cosas, una afición que no entiende cómo puede ocurrir lo que ha sucedido en dieciseisavos de la Copa del Rey, ni lo que ocurre en la Champions, en la Liga, etcétera. El Real Madrid debería arrasar y golear a todos los equipos a los que se enfrenta. Salvo, en estos momentos, al Barcelona. Pero la cosa no es así. El Alcorcón ha demostrado que no hace falta alinear once jugadores millonarios para ilusionar a la gente. Ha demostrado que el coraje es más importante que el dinero y ha demostrado que la ilusión está por encima de todo. Eso es un equipo.
Por lo tanto, quien dirige este barco debería sentarse y reflexionar cómo pueden cambiar las cosas. Quizá Pellegrini no sea capaz de encontrar la fórmula necesaria para convertir al Madrid en un equipo ganador. O quizá el problema está en que las estrellas hay que formarlas y no comprarlas ya que de estrellas pueden convertirse en estrellados. Por citar un ejemplo: Messi, Iniesta, Xavi, Pedrito, Busquets, Valdés, Puyol o Bojan se han formado en La Masía culé.
Así que, visto lo visto, este partido puede significar un cambio de rumbo para el Real Madrid, que seguirá diciendo que la Copa es secundaria y que sus verdaderos objetivos son la Liga y la Champions. ¿De verdad creen que jugando así van a llegar a la meta? La primera lección de humildad ha llegado desde Alcorcón. Era necesaria y por supuesto ilusionante. No por los blancos, sino por los amarillos. Esos jóvenes desconocidos que han saltado al césped del Santiago Bernabéu con la moral por las nubes y con ganas de hacerlo bien. Y lo han conseguido.
Por último, creo que es digno de citar que en las posteriores declaraciones de los futbolistas del Alcorcón a los medios de comunicación ha quedado claro que eliminar al Real Madrid no es lo único que quiere hacer el equipo amarillo en la Copa del Rey. Que se vaya preparando el Barcelona.



